Hace ya algún tiempo que la polimatía está de moda. Las empresas, especialmente tecnológicas, y las instituciones y organizaciones con vocación de liderazgo social creen cada vez más en ese tipo de personas capaces de alcanzar la excelencia en varios campos del saber.

Sin embargo, con matizaciones muy importantes: acumular conocimiento no sirve de nada si no se ejercita con rigor intelectual ni se expresa a través de habilidades personales que lo plasmen eficazmente en la realidad. En otras palabras, se trata de ser competente antes que docto.

Para explicarme mejor, apunto dos fuentes. Por un lado, la directa de la RAE: polímata, persona con grandes conocimientos en diversas materias científicas o humanísticas. Pero la definición se queda corta así que la extiendo a la segunda, el estudio “Polímatas” realizado por Deusto Business School y 3M y que, presentado a finales del año pasado, resulta extraordinariamente interesante.

Cincuenta ejemplos históricos

En el desfilan una cincuentena de ejemplos históricos,sabios universales, que combinaron -y combinan- conocimientos diversos, múltiples y aparentemente contrapuestos entre sí, desde el egipcio Imhotep, en el 2690 a.C. como médico, arquitecto, astrónomo, aritmético y geómetra, hasta el celebérrimo Elon Musk, nacido en 1971 y citado como matemático, científico, ingeniero, inventor y empresario. Y un auténtico genio del marketing (de los de verdad).

Elon Musk, Fotografía de Wired

En juego, entra el debate neurocientífico acerca de los hemisferios cerebrales para explicar las personalidades. El izquierdo, racional y analítico (por simplificar) y el derecho emocional e intuitivo. Es decir, las ciencias y parte de las humanidades a la izquierda, las artes y otra parte de las humanidades a la derecha.

De la misma manera, describe el papel de la educación STEM (acrónimo del inglés Science, Technology, Engineering and Mathematics), producto de la era actual  de tecnólogos y científicos y que ha pasado a ser STEAM, (enriqueciéndose con la A de arts) como reflejo del auténtico polímata.

Y sin embargo, el estudio tiene una visión mucho más amplia. No concluye con una simple ruptura de la división entre las ciencias y las humanidades, esa vieja herencia de la Ilustración, ni es tampoco de un ejercicio de epistemología aplicada y actualizada, es decir, de una teoría del conocimiento en la era digital y la tentación inevitable de convertirlo en un “paper”.

Pensar y ejecutar estratégicamente

Me quedo con la combinación de conocimientos y habilidades de la polimatía actual y la imagino como la mirada a través de la que pensar y ejecutar una buena estrategia de Comunicación. Una estrategia que cree valor y reputación positiva para una empresa, institución u organización. La que influye por la credibilidad de lo que cuenta, porque es mas “competente que docta“.

Y ejecutada con sencillez, transparencia, y, por descontado, ética. Pero, de esto, de la ética como idea individual y la moral como colectiva, hablaremos más adelante como elemento indispensable de la comunicación y de las propias empresas, instituciones y organizaciones.

Volviendo a la polimatía y los polímatas y su acción y reflejo en la Comunicación, se trata, en definitiva, de aplicar ese conocimiento y esas habilidades sobre la realidad de forma eficiente y obtener buenos resultados, dando por supuesto que la creatividad y la experiencia se encuentran implícitas en la estrategia.

“Así las cosas, la polimatía que cabe reivindicar para el siglo XXI debe ser más competente que docta. No se trata de cultivar facetas diversas o adquirir conocimientos variados por el simple afán de atesorarlos y reproducirlos fielmente en el momento oportuno, sino de ser capaz de aplicar genuinamente ese dominio múltiple a la hora de interpretar la realidad y actuar sobre ella.”

Una cita literal del estudio que resume mejor este breve post.