Tuve el placer de conversar el pasado lunes 26 de febrero, porque eso fue al final, una conversación, inteligente y especialmente atractiva, con Daniel Lacalle y Rafael de la-Hoz. En realidad, una conversación inteligente es siempre muy atractiva porque representa, en último término, reflexión e intercambio.

Aprendizaje real, en suma, que es lo uno persigue instintivamente. Porque, en estos tiempos, no hay nada peor que los monologuistas aburridos. He soportado a alguno en mi coche varios años mientras viajaba por motivos profesionales -sí, soy de los que les gusta conducir– y todavía me dura el empacho.

Pero, a lo importante:

Desde luego, descubrir que este es el siglo de las ciudades no es nada memorable. Pero, como cualquier idea expresada con sencillez y sentido común (o sea, con argumentación y datos incontestables), resulta entendible que, en efecto, o las ciudades -perdón, quienes las gestionan y trasladan esa gestión en hechos a sus ciudadanos- entienden el mundo en el que evolucionamos o, inevitablemente, se quedarán atrás con todo lo que eso supone.

La idea de gobernanza municipal que se maneja todavía en muchos lugares descansa en una amalgama de tópicos ideológicos y clichés tecnocráticos que desembocan de forma invariable en aquello de “ciudades para las personas“, como si cualquier iniciativa que no se encuentre en las coordenadas “correctas” fuese un ataque a una convivencia ideal, o sea, a la de la “tribu” gobernante, cuando, en realidad, una ciudad es la identidad de quienes la habitan. De quienes la viven y de quienes la gestionan.

Gestión

Y sobre la gestión, que es de lo que se trata, fue sencillamente preciso Rafael de la-Hoz cuando habló de “las ciudades que buscan a las empresas”. Lo corroboró Daniel Lacalle con una afirmación gestual inequívoca. Momento elocuente.

El primero, es uno de los arquitectos españoles –presumí de su identidad cordobesa– de mayor prestigio internacional. Un vistazo a su trayectoria para quien se diera el caso de no conocerlo es suficiente. El segundo, economista jefe de Tressis, es uno de los mejores analistas económicos del país con reconocimiento también internacional.

El que la gestión “inteligente” de una ciudad se hace sobre la productividad económica y social que resulta de sus recursos disponibles es una idea con la que no puedo estar más de acuerdo. Sin entrar conceptualmente en las smart cities -y menos desde el punto de vista del marketing- ahí dejo la entrada de wikipedia, lo cierto es que las empresas son unos de los recursos disponibles más sobresalientes de las ciudades y cualquier dificultad latente para que puedan desarrollar sus actividades y que no esté dentro de los márgenes de una legislación facilitadora y sensata, supone una pérdida de competitividad y una falta de visión estratégica de sus gestores.

No trato de caer en un falso debate sobre el análisis de políticas municipales o, más allá, retórico sobre cuestiones como convivencia social, sostenibilidad medioambiental, participación…y en este plan, que, en todo caso, son elementos que ya vienen asumidos en este texto. No. Se trata de algo mucho más simple y prosaico: considerar, o no, a las empresas como recursos indispensables, o sea sobresalientes, a la hora de hacer ciudad.

Y no solo como recursos indispensables. A pesar de los avances reales en la concepción y prácticas de las nuevas empresas, sean start ups, sean clásicas, y las nuevas formas de gestión interna, transversal y de dirección, considerar a la empresa como un elemento sospechoso, porque se escapa a la autoridad política, perdón ideológica, es desastroso para una ciudad, es decir, para las personas que viven en la ciudad.

Política y Empresa

Vivimos en 2018. El escenario que tenemos delante es radicalmente cambiante y la velocidad de cambio exponencial cada vez mayor. Pensar y ejecutar con anticipación es clave y estar anclados en los viejos prejuiciosdisfrazados de modernidad alternativa– sobre la idea y representación social de la empresa es un enorme paso atrás. Ahí está el ejemplo de Barcelona. Se admiten todos los calificativos.

¿Acaso la Política es una actividad sospechosa porque haya quién se aproveche, y llegue a delinquir, dentro de ella?

Pues lo mismo pasa con la Empresa, que es a quién buscan los gestores -inteligentes- de las ciudades en el siglo XXI.

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